
Desdeelsur es un espacio de expresión de opinión sobre y desde Andalucía. Un depósito de ideas para compartir y de reflexiones en las que participar
Quizás todo comenzara en ese punto, no lo sé con certeza. En la intuición de que fuimos estafadas en vida y en muerte, esa obsesión por el pensamiento binario imperante empeñado en reducir la realidad a solo dos soluciones posibles de la ecuación que es vivir, negando la complejidad y robándonos la riqueza de alternativas: no solo en nuestra concepción de lo masculino y femenino, por poner un ejemplo, sino en todo el discurso y pensamiento occidental, maniatado por el juicio binario que nos condena a una castración sensorial sin precedentes. El bien y el mal, lo bello y lo feo, la ciencia y la mística, el cuento frente a la novela, lo masculino y lo femenino.
Quizás todo comenzara en ese punto, en esas conversaciones llenas de arañazos, cuando nos dijeron: Muy bien, pero no hay lugar para todas. No hay sitio para todas las hijas de las primeras madres trabajadoras, para todas las hijas de la emancipación de la mujer, de las primeras píldoras anticonceptivas, de las primeras mujeres divorciadas. No hay lugar para todas en las oficinas, en los comités de dirección, en la vida pública.
Nos lo creímos. Y no es que no lo hubiera, pero comenzamos entonces a jugar al juego de la silla, ya saben, todos los respaldos hacia dentro dibujando un círculo imperfecto, ese dar vueltas alrededor siempre al acecho, temiendo el momento en el que se detuviera la música que otro ponía, mirando de soslayo para que fuera otra la que se quedara sin un lugar donde habitarse. Nos lo creímos. A las mujeres nos adiestran en la obediencia y en la competición entre nosotras bajo la coartada de la mejora personal: la piel más tersa, el cabello más brillante, el cuerpo más elástico, la mejor madre, la mejor esposa. Si corríamos más, si éramos más bellas, más sexis, más ágiles, más tiernas, más listas, encontraríamos un lugar en este nuevo mundo.
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