Javier Cercas y los libros para encontrar al Dios de la literatura
'El loco de Dios en el fin del mundo' narra el viaje del autor a Mongolia acompañando al Papa Francisco, con la pregunta de la vida eterna en la mente.

Más que un libro, El loco de Dios en el fin del mundo se ha recibido como un acontecimiento. Primero, porque cada nuevo título de Javier Cercas genera una expectación especial después de Soldados de Salamina, Anatomía de un instante o El impostor, que podríamos llamar sus obras mayores. Pero en esta ocasión, el propio libro es irrepetible: un escritor ateo y anticlerical invitado a viajar con el Papa Francisco a Mongolia. Una experiencia que Cercas aceptó sin dudar y que ha acabado por convertirse en muchas cosas: una novela como género híbrido entre el diario de viajes, la radiografía del hombre más poderoso de la Iglesia Católica, el relato de un diablo en el Vaticano, una reflexión sobre la fe y el acto de amor de un hijo hacia su madre enferma. Una novela híbrida que pasa de la ironía a la comprensión, de la sorpresa al humor, y que el propio Cercas no duda en proclamar como su obra más loca. Hablamos con él de todo ello y nos recomienda libros para encontrar a Dios en la literatura.
Video: entrevista y libros recomendados de Javier Cercas

Era un ofrecimiento único, algo que a ningún escritor, creyente o no, se le había propuesto nunca. “Un libro así no existe”, afirma Cercas. “Abrir las puertas del Vaticano a alguien, y encima un tipo como yo, ateo y anticlerical, me hizo sentirme un privilegiado. Lo primero que les dije es pero ustedes no saben que yo soy un tipo peligroso”, recuerda. “Para empezar, es un acto de coraje de su parte, porque me dicen: 'Venga usted aquí, hable con quien quiera y escriba lo que quiera'. Ni siquiera me pidieron leer el libro antes de publicarlo”. Una propuesta ante la que no sintió vértigo alguno. “Yo creo que siempre soy un poco temerario, no me he sentido más responsabilizado que en otros libros, siempre intento hacerlo lo mejor posible, pero sí que era consciente de que esta oportunidad no la había tenido nadie”, explica Cercas.

Así, el escritor ateo se embarcó en un viaje a Mongolia, un país sin apenas católicos, con una pregunta rondándole la cabeza. “Cuando me hacen esta propuesta, completamente extravagante y singular, aparte de decirles que soy un tipo peligroso y que se han vuelto locos, lo primero que pienso es en mi madre”, recuerda Cercas. “Porque mi madre era una persona profundamente católica, como tantos españoles de esa generación, como era mi padre también, y que cuando mi padre murió ella creía que lo iba a ver más allá de la muerte, como le había prometido su religión. Este libro, en cuanto me lo propusieron, supe de qué iba a tratar casi inmediatamente, cuál era el corazón, el enigma central. Porque este libro es una novela policiaca a su manera, como todas mis novelas. Todos mis novelas, y todas las novelas que a mí me importan, desde El Quijote para acá, son así. En todas hay un enigma y alguien que intenta solucionar, descifrar ese enigma. Lo que pasa es que este es un enigma descomunal centrado en el cristianismo y, por lo tanto, uno de los temas centrales de nuestra civilización, lo queramos o no”.
Por lo tanto, El loco de Dios en el fin del mundo es la historia que precede a una pregunta. “Una pregunta personal, la pregunta de un niño”, señala. “Yo supe en el momento que me hicieron esa propuesta que lo que quería era preguntarle al Papa, al jefe de la Iglesia Católica, si era verdad lo que decía mi madre, si mi madre iba a ver a mi padre después de la muerte. Quería escuchar su respuesta y llevársela de vuelta a mi madre”.
Un diablo en el Vaticano
Confiesa Cercas que no se ha preguntado por qué le eligieron, siendo profundamente ateo, pero sí tiene claro que sus orígenes no lo son. “Yo no soy creyente, pero sí, soy católico como tú y como todos los que nos van a escuchar. ¿Por qué? Porque venimos de ahí todos, de Atenas y de Jerusalén, de Jesucristo y de Sócrates. Eso es Europa y eso es lo que somos nosotros”. Lo que sí le costó fue superar sus prejuicios. “Ese es el principal esfuerzo que he tenido que hacer para escribir este libro. Yo tenía todos los prejuicios. Además, mi familia es muy católica, yo fui a un colegio de curas. Desprenderte de todo eso es el ejercicio más difícil y, al mismo tiempo, el más indispensable. Los escritores no nos dedicaban a juzgar, eso es un disparate. Eso lo hacen los jueces y, si acaso, el lector si quiere. Pero un escritor va a entender, y entender, en contra de lo que la gente cree, no significa justificar. Significa exactamente lo contrario, significa darnos los instrumentos para no cometer los mismos errores o para combatir esos errores. Si tú no entiendes al terrorista no vas a poder nunca combatirlo. El primer ejercicio era ese: intentar entender a gente que piensa cosas completamente distintas a las mías”.
La historia del cristianismo es una prostitución del cristianismo en gran medida
El Cercas sin fe, el que se llama a sí mismo “el loco sin dios”, recuerda que la historia está llena de personas brillantes que sí creyeron. “A nosotros nos puede parecer una extravagancia, pero Newton o Kant creían. Hasta Einstein, que creía en el Dios de Espinoza”, señala. ¿Por qué el crédito de la Iglesia Católica, y por tanto de la fe cristiana, ha caído en picado?. “Es una de las preguntas fundamentales de este libro. No se puede entender nuestra cultura, no se puede entender nuestra civilización, sin el cristianismo. ¿Qué ha sido de eso cuando Europa es un ya continente laico, secularizado, cuando ya no es el centro del cristianismo, que está sobre todo en Latinoamérica y en África. ¿Qué ha pasado? ¿Qué ha ocurrido ahí?”.
La respuesta a esa pregunta nos lleva de camino al enigma del Papa Francisco, odiado por un sector de su propia iglesia y admirado por no pocos ateos. “Es el primer Papa latinoamericano, el primer Papa jesuita y también es el primer Papa que se llama a sí mismo Francisco, como Francisco de Asís, y Francisco de Asís se llamaba a sí mismo ‘el loco de Dios”, señala el autor. “Mongolia es simbólicamente en el fin del mundo, un país con menos de 1.5000 católicos. Está en la periferia total, y esa es una palabra esencial para Francisco, la periferia. La periferia geográfica, la periferia ideológica, los que no piensan como nosotros, por ejemplo. Los pobres, la gente humilde, que es su obsesión y, en realidad, debería ser la obsesión del cristianismo. Esta religión se concibe para los pobres y para los indefensos. Para los desgraciados y los pecadores. Otra cosa es la prostitución del cristianismo que hemos vivido, porque la historia del cristianismo es una prostitución del cristianismo en gran medida”.
Para Cercas, el cristianismo original era un movimiento subversivo. “Jesucristo es un peligro público, lo crucifican porque era un peligro público. Lo que hemos vivido nosotros es una perversión, es el constantinismo que llaman ellos, la asociación de la Iglesia con el poder desde el emperador Constantino”, explica. “Nosotros en España lo hemos vivido al máximo, el franquismo fue eso: la asociación del catolicismo con el poder. El cristianismo no puede estar con el poder. El cristianismo tiene que ser, si acaso, un contrapoder. Y en todo caso está con los pobres, con los indefensos”.
En busca de Bergoglio
Además de la pregunta central, irresoluble, de la vida eterna, El loco de Dios en el fin del mundo también persigue una incógnita: ¿Quién es el Papa Francisco, o Jorge Bergogliogo, si es que ambas personas son la misma? Un pontífice atípico desde el primer momento. “Este Papa ha hecho cosas muy raras, muy singulares desde el primer día, cuando saludó en el balcón de la Basílica de San Pedro diciendo ‘Buona notte a tutti”, recuerda Cercas.
El Papa Francisco cree que el clericalismo es el cáncer de la Iglesia
“Francisco es un papa anticlerical", asegura sin dudar el autor. "No anticlerical, muy anticlerical, en el sentido de que él cree que el clericalismo es el cáncer de la Iglesia. El clericalismo ha tenido la idea de que el sacerdote o el clero está por encima de los fieles. Eso para él es catastrófico y tiene toda la razón. Nosotros lo hemos conocido muy bien, y por eso la Iglesia española está desprestigiada. El sacerdote tiene que estar, dice Francisco, delante para guiar a los fieles, dentro porque forma parte de ellos y detrás para ayudar a los que no pueden seguir. Pero nunca encima, porque si está encima es la catástrofe. De ahí vienen todos los males. Sin ir más lejos, los abusos sexuales, que no son más que un abuso de poder”.
Para Cercas, lo que hace interesante a este papa es su complejidad. “Es un personaje lleno de recovecos y a veces de oscuridades, mucho más de lo que aparece en los medios”, indica. “Pero es un hombre normal y corriente. Sobre todo, si tuviera que definirlo con una sola frase, diría que es un hombre en combate consigo mismo. Es un hombre muy consciente de sus propias flaquezas, de sus propios defectos, que son muchos, y que ha luchado a muerte contra ellos. Lo primero que este hombre dice cuando lo nombran Papa es: ‘Acepto, aunque soy un pecador’. Yo, humildemente, le corrijo: tendría que haber dicho: ‘Sí, porque soy un pecador’. Porque la Iglesia no es el lugar de los fuertes ni de los triunfadores. Cristo no la concibe así. Todo lo demás es una perversión. Jesucristo la concibe como la de los pobres, los desgraciados y la de los que no tienen dónde caerse muertos”.
De aquel viaje, Cercas dice haber vuelto aún más ateo y más anticlerical. “Cuando era un adolescente yo perdí la fe”, recuerda. “No he vuelto a recuperarla y creo que en la literatura fui a buscar algo de las certezas, de las seguridades que tenía en la infancia y que perdí. Esto era un error, por supuesto, porque la literatura, la auténtica literatura no proporciona certezas ni proporciona seguridades, pero cuando lo descubrí era demasiado tarde”, concluye.
Javier Cercas y los libros para encontrar al Dios de la literatura
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Chesterton es un gran escritor. Católico ortodoxo, católico romano, era un provocador total, porque en su época esto ya era una provocación. Un gran escritor. Uno de los escritores favoritos de Francisco. Como dijo Kafka de él, ‘Chesterton es tan gracioso que parece que haya visto Dios’. Esto creo que es lo mejor que se ha dicho sobre Chesterton. A mí me gustan mucho sus ensayos.
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Recomendaría a otro escritor favorito de Bergoglio y mío, que es Borges. Bergoglio tuvo relación con Borges. Para mí Borges es un escritor fundamental, es el mayor escritor en esta lengua desde Cervantes o desde Quevedo. Y yo tal vez no sería escritor sin Borges.
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Ya que estamos hablando de locos, hay que recomendar un libro que asusta a la gente y que no debería asustar a la gente. Y asusta a la gente porque creen que es un libro que hay que ser catedrático de la Universidad de Oxford como mínimo, para intelectuales, y es mentira. Es un libro sencillamente popular y un libro gamberrísimo, graciosísimo, que tiene una pequeña dificultad y es que es la lengua que es un poquito antigua o aparece antigua, que es el Quijote. Esto es como hablar de la Biblia, es un libro para la gente. Es un libro popular.
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Recomendaría Nietzsche, que es un grandísimo escritor, del que se habla en el libro a menudo. Grandísimo escritor. Un poeta, a su manera. ¿Qué recomendaría yo? Pues mira, La gaya ciencia.
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No me atrevo a recomendar a Unamuno, pero fue un escritor muy importante para mí cuando era un adolescente. Es el que en realidad me sacó o contribuyó decisivamente a sacarme del catolicismo. Hay cosas valiosas de Unamuno. Su poesía, por ejemplo, está muy bien. Hay ensayos, Del sentimiento trágico de la vida. Incluso hay novelas suyas muy divertidas, porque tenemos un cliché, una idea muy falsa de Unamuno. Hay novelas suyas que son esencialmente humorísticas. Estamos acostumbrados a pensar en Unamuno ese personaje que se levantaba cada mañana con un dolor de España tremendo, pero hay un Unamuno humorista... Niebla, por ejemplo.